¿A qué nos referimos cuando criticamos el amor romántico?

Aprovechando la contingencia que suscita el día de San Valentín, considero necesario tomarnos esta semana para reflexionar sobre el amor y  las implicancias que tiene en nuestra cotidianidad. Más allá de entramparme en intentar definirlo -algo que ningún filósofo, poeta o científico ha logrado jamás-, creo que desde el activismo lo fundamental es entender cómo funciona el amor en la sociedad y como este nos condiciona a tomar roles determinados, y en ese sentido, el amor romántico da para mucho.

No es que odie al amor, todo lo contrario, he pasado toda mi vida cuestionándolo y tratando de vivirlo de la mano de la libertad. Así fue como me topé con este manoseado concepto que muchas veces no entiendo a cabalidad, pero que sí puedo observar latente a través de una serie de síntomas y consecuencias que se derivan de este: dependencia emocional, idealizaciones de otros seres humanos, abnegación y masoquismo emocional en pos de un ideal de que “el amor lo puede todo”, violencia y muerte (titulares al estilo: La mató por amor).

Pero ¿qué es el amor romántico? Es un modelo de vinculación afectiva que impera en el imaginario de la sociedad. Cuando pensamos en amor se nos viene una serie de imágenes a la cabeza: príncipes en caballos, rosas rojas, toda la vida con alguien, en fin, un conjunto de cosas que parecieran conducir hacia un camino de felicidad eterna, de completitud y armonía a través del vínculo con un otro. Para “obtener” tan anhelada fantasía, el amor romántico nos plantea una serie de conductas y normas que debemos seguir para alcanzar dicha perfección; los roles de género y la monogamia (“el amor es de a dos, sino no es verdadero”) son algunos ejemplos.

Muchos podrían argumentar que es un modelo más y que existen otras opciones de vivir este sentimiento. No pienso que sea así, porque lo cierto es que hay todo un aparataje que no permite visualizar, y ni siquiera plantearse en serio la idea de vivir el amor de otra manera. Quizás, una vez minada y fisurada la hegemonía de este sea posible convertirlo en una opción más.

El problema es que esta concepción de amor se ha instalado como sentido común, y en varios casos como verdad absoluta, justificada muchas veces en ideas esencialistas -como las almas gemelas o “el amor verdadero”-. Incluso el lenguaje que nos rodea está cargado de un sesgo que lo avala como ” el camino correcto”.

Cuando muchas criticamos al amor romántico apuntamos a derribar todo un sistema de creencias y mitos asentados como verdades. Imagina por un segundo que el amor es un bosque profundo y espeso con sólo una senda muy marcada, que desde la niñez te han dicho que para pasear por él debes seguirla, pese a las dificultades que puedas encontrar, aunque que intuyas que hay atajos o que a tu voluntad de recorrer otra parte del bosque. Te han enseñado y repetido constantemente que si te sales te vas a perder, que entre las ramas hay criaturas que te matarán o harán cosas terribles, o que te transformarás poco menos que en un golum, ermitaño o algo horrible.

No es de mi interés acabar con el amor romántico, entiendo que a un puñado de personas puede gustarle, pero si me interesa socavarlo, fragmentarlo y criticar incisivamente aquellos mitos que lo vuelven sagrado, intocable y “verdadero”.

El amor romántico realmente no es una opción, no es inofensivo, y está cimentado en una cultura que da pie a hechos de violencia y maltrato hacia grupos no beneficiados por el patriarcado. Y además, influye fuertemente en la construcción emocional e identitaria de los individuos, quienes crecen sintiéndose seres incompletos con la necesidad de buscar desesperadamente en otros aquello que podrian trabajar en sí mismos, intentando llenar sus vacíos con gente-objeto a la que amar, colgando expectativas en sus parejas, y generando una simbiosis de comodidad y encadenamiento a través de la dependencia emocional.

 

Cuadro elaborado por amorlibre.org

Para quienes quieran profundizar más sobre este tema, les dejo una conferencia de la comunicadora y feminista, Coral Herrera, sobre la construcción sociocultural del amor romántico. Si desean ver su blog hagan click aquí.

 

 

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